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La serie de los Acacios Negros fue realizada durante el año 2007.
Tiene su antecedente en los diseños esgrafiados con gubia a partir del año 1999 que dieron lugar a la producción de objetos decorados con la técnica de esgrafiado con gubia sobre madera reciclada.

En al año 2004 comienzo a bocetar una serie de trabajos realizados con la espinas del Acacio Negro, árbol que abunda en el lugar donde habito y que produce unas espinas de gran tamaño en su tronco.

Allí comienzo a trabajar con la cuña de la espina, extrayéndola de su contexto y presentándola como un elemento gráfico.

La cuña retrotrae a un grafismo muy elemental y primario. Todas las culturas antiguas poseen dentro de su registro a la cuña como elemento de expresión. De este modo, la cuña produce en el espectador una afinidad que le resulta familiar, insinúa signos que no están explícitos en la obra, una escritura desconocida pero propia. Indefectiblemente la cuña es parte del ADN cultural que llevamos impreso dentro. Es netamente HUMANA.

La espina resultó ser la cuña convexa del rastro cóncavo que deja la gubia. Su complemento. Una cabe dentro de la otra.

Esta etapa es el paso siguiente al trabajo de “quitar” que produce la gubia siguiéndole el de “llenar” con las espinas.

Otro elemento a destacar es la paleta terrosa de los trabajos. Nuevamente aquí se produce otro llamado al registro intrínseco del espectador. Los colores de la Tierra nos son familiares y de alguna manera tienen algo que ver con “estar en casa”. La percepción de que el “color me es afín” por parte del que mira es una constante. Nuevamente la obra nos vuelve “al origen”.

El tercer elemento a destacar es la composición básicamente simétrica de los trabajos. La obra posee una composición “explícita”. El espectador no tiene que analizarla. El equilibrio es obvio. Esta situación compositiva posibilita al que mira, permanecer en un espacio que nuevamente tiene que ver con sí mismo, con su propia naturaleza. Desde este espacio compositivo conocido, puede detenerse a recorrer la obra íntimamente. La textura y los diseños de las cuñas-espinas pasan a ser los actores de esta nueva etapa de la observación.

La simetría, el trabajo con formas geométricas puras y con diseños básicamente lineales, producen un llamado, un disparo directo al interior del que observa: es personal y atemporal.